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lunes, 9 de mayo de 2011

El bienestar del espíritu en las personas con síndrome de Down (Primera parte)

El presente artículo ha sido adaptado y traducido, con autorización, del original “Spiritual well-being of adults with Down Syndrome”, un cuaderno de la serie “Adults with Down Syndrome”, que forma parte de la obra enciclopédica “Down Syndrome: Issues and Information” publicada por The Down Syndrome Educational Trust.
Margaret Cromptom, Robin Jackson

El bienestar del espíritu en la vida de cada día

Contemplamos el bienestar del espíritu, o bienestar espiritual en sentido amplio, como algo integral y esencial para la vida diaria y la experiencia de la persona en su totalidad. Puede estar asociado, pero no necesariamente, a una creencia y observancia religiosa. Por eso no empleamos el término “espiritual” en sentido estrictamente “religioso” aunque a veces estén claramente relacionados. El no alimentarlo, reconocerlo y respetarlo altera la calidad de vida y el bienestar de los adultos con síndrome de Down.
Las personas con síndrome de Down varían extraordinariamente en sus facultades y habilidades. Cada persona, con independencia de su habilidad, tiene necesidades emocionales complejas; algunas muestran pobreza en su habla pero comprenden una gran variedad de temas; algunas pueden estar gravemente discapacitadas pero necesitan saber quiénes y qué son. Otras pueden tener grandes facultades y, por ejemplo, van a la universidad, tienen empleo, tienen pareja, se casan.
Muchas personas con síndrome de Down comparten, o desean compartir, las experiencias universales de la vida diaria que claramente poseen implicaciones relacionadas con sus vivencias anímicas o espirituales. Éstas abarcan el interés por explorar el ambiente, por asimilar la información, por desarrollar una comprensión de sí mismos y de los demás, por expresar sentimientos y creatividad, por responder a la experiencia, por hacer preguntas y responderlas. Sus preocupaciones y sus cuestiones pueden guardar relación con el sitio que ocupan en el mundo, con sus relaciones, con las razones de tener síndrome de Down, y con los modos en que cada persona se parece y se diferencia de las demás. Expresarse y comunicarse, en asociación con el bienestar espiritual, vienen definidos como en cualquier otro individuo por la personalidad individual así como por las creencias y actitudes de la familia y de la comunidad. Las ideas sobre el bienestar del espíritu tienen particular trascendencia para la real integración del individuo en la sociedad. Esto se aplica a los aspectos diarios de la vida, pero también tiene que ver, por ejemplo, con la integración y participación en las comunidades y en la vida comunitaria relacionada con los oficios religiosos. El síndrome de Down no niega la capacidad de experimentar, por ejemplo, alegría, amor, pérdida, duelo y tristeza, el deseo de compartir y formar parte de una familia amorosa; sentimientos todos ellos que son comunes a toda la humanidad. El reconocer y el respetar estas experiencias son fundamentales a la hora de promover el desarrollo del bienestar espiritual. Los sentimientos de las personas con síndrome de Down son críticamente importantes. Son éstos los aspectos que proporcionan un enlace con otras necesidades de su vida y nos ayudan a comprender el bienestar del individuo desde una perspectiva globalizadora.
El bienestar del espíritu de una persona con síndrome de Down depende del respeto y de la liberación del prejuicio, la discriminación y la opresión. Una persona con síndrome de Down es, ante todo y sobre todo, una persona: única, con sentimientos íntimos y con respuestas que quizá nunca puedan ser expresadas abiertamente, pero que constantemente influyen y forman su completa personalidad en permanente desarrollo. Su bienestar espiritual forma parte integral y esencial de su vida diaria. No es un extra opcional, un cuento de hadas, un extra académico o un estorbo. Existen muchas ideas sobre el significado de la espiritualidad.
Para muchas personas, el bienestar espiritual es inseparable de la creencia y la observancia religiosa. Algunos consideran ‘espíritu’ y alma’ como entidades intercambiables, considerándolos como la parte de la persona que expresa y responde a una deidad y que sobrevive después de la muerte física. Otros creen en los aspectos espirituales de la vida pero sin conexión con una organización religiosa.
Las ideas que vamos a exponer no están necesariamente asociadas a una creencia religiosa. Del mismo modo, los atributos, las necesidades, las cualidades y las experiencias no son exclusivamente espirituales. Mente, cuerpo, emociones y espíritu son inseparables y conciernen siempre a la persona en su totalidad…..
Margaret Cromptom, Robin Jackson


“El problema es que LA GENTE SE QUEDA EN LA PARTE EXTERNA DE LA RELIGIÓN, EN LA CASCARA.Para encontrar el fruto, que es la espiritualidad, uno tiene que profundizar. Uno debe absorber los valores espirituales de los libros sagrados y de los maestros autorrealizados. El aspecto filosófico de la religión es el intelecto, y el acto espiritual es el corazón. Mente y corazón deberían caminar de la mano”Amma

Cuando se le pregunta a Amma por qué abraza, ella, que gusta de metáforas, responde ”Que sería como preguntarle al río por qué fluye…”
Orientar…expandiendo Conciencias

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