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domingo, 4 de julio de 2010

Igualdad


Ayer un periodista puso en juego mis certezas, demostrando cuantas veces uso los conceptos llenando los espacios que se me otorgan para pronunciar aseveraciones que tienen más de vacíos que verdades.
O quizás no es tan así y los vacíos son producto de la imposibilidad de llevar a conceptos rígidos verdades que los sobrepasan.
Lo hizo cuando mencioné el departamento de la mujer, el cual coordino en la Fundación.
El sonrío y dijo:
“Para atacarnos a nosotros los hombres.”
Yo respondí al instante diciendo:
No; yo no soy feminista, a mi me gusta que el hombre sea hombre y la mujer, mujer…
Y allí vino el desafío. Sentí su mirada posada en la mía y lo escuché:
“¿Qué es que el hombre sea hombre?”-dijo…
Creo que mi desconcierto salió por todo mi ser, porque comenzó a explicar la pregunta, pero ya no podía escucharlo… Me sentía desafiada. Una sensación similar a la sentida en la adolescencia cuando un profesor descubría una falta, corría por mi ser.
Me sentí perdida, pero a la vez segura… No podía responder pero sabía que en mi frase estaba expresada mi construcción. Había algo que me llevaba a sostenerla y a defenderla; entonces permití que en ese momento mi discurso buceara en el enorme bagaje de conceptos que habitan en mi interior, permitiéndose el desafío de expresar, esta, que siento mi verdad.
Lo hice y el tiempo se lo llevó, porque lo efímero de nuestra vida hace, que el hoy sea una minúscula partícula de tiempo que se nos escapa como el agua por entre los dedos. Pero mi memoria siguió actualizando, confrontando, exigiendo una respuesta que saciara.
Esta mañana, caminaba por las calles entre la oscuridad y la luz, cosa que acostumbro hacer para edificar a mi espíritu, cuando ella me asaltó.
Mientras la sombra de la noche comenzaba a adquirir formas, transformándose en sombras definidas por las luz de un sol que aún no se veía pero anunciaba su pronta presencia, comencé a descubrir que en el dialogo con este todo llegaban las respuestas.
Alcé mi mirada y vi las copas de los árboles. El pino como una aguda lanza, en exacta equidad levantándose hacia lo alto; otros con copas llenos de hojas, intentando diferentes alturas pero manteniendo un equilibrio que me hablaban y me invitaban a gozarme en las diferencias.
En este diálogo profundo con mi esencia, me sentí todo y me sentí única… Y busqué definiciones para aquel diálogo que aún no hallaba respuestas.
Volví al contexto y lo repensé. Hablábamos de integración, de igualdad… palabra que agitó mi ser…
Igualdad…
Miré mis árboles y la busqué…
En este momento resonó en mis oídos las pregunta:
“¿Qué es que el hombre sea hombre?”
Y recordé las luchas que hoy llevan adelante los homosexuales, los discapacitados, los adultos mayores, las mujeres… Y pensé… Hay alguien que no luché por ser…
Volví a los árboles… Los miré…
Cada uno de ellos erguido, luciendo su esencia sin preguntarse en el por que del otro, sin compararse… siendo y ofrendándose
Volví sobre mi misma y me exigí posicionamientos que no puedo adoptar.
Recordé a los católicos levantando firmas para evitar el matrimonio entre personas del mismo sexo y a los homosexuales argumentando su forma de amar.
Escuché en mi interior todos los argumentos de los papás de los niños con TGD; la lucha de las mujeres; y tantas más.
Y pensé en la humanidad, y me pregunté:
¿Qué es lo que nos lleva a necesitar que el otro nos habilite para vivir nuestra verdad?
Entonces recordé el concepto sujeto y me reí de él…
Miré mis árboles y elegí ser naturaleza… Pensé en los ecologistas que luchan por defender su identidad y descubrí algo que hasta hoy no había podido decodificar…
Tramposas palabras, sin dudas sus esencias son nuestras, tan soberbia y tan finita como para no poder aceptar.
Miré mis árboles y encontré en la palabra igualdad escondida la desigualdad.
Recordé aquel terrible soneto que recitara mi mamá;
“hombres necios que acusáis”- decía ella mostrando autoridad…
Sonreí y asentí con la cabeza aceptando nuestro ego que lucha siempre por demostrar.
Volví a pensar en la pregunta y reí hasta matar mi torpeza, soñando con mi libertad.
Renuncié a los conceptos, busqué mi interior y quise ser…
Soñé con un mundo adonde cada uno se decidiera a buscarse a si mismo y a luchar por su identidad…
En ella cada uno es, y en esta integración de partes se llega al todo que es armonía y nada más…
Pensé en los que seguirán luchando por generar integración levantando conceptos que diferencian y buscan homogeneizar…
Me miré en el espejo de la vida y me determiné… No me interesa ser todo si esto no supone ser Laura y nada más…
Que significa que el hombre sea hombre, que significa que la mujer sea mujer, pues no lo sé…
Sólo se que sueño con un mundo en colores, adonde cada uno sea, y en el cederse y recibir, se logre la unidad.
Laura Cis
ORIENTAR, compartiendo envíos

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